Las trabajadoras del textil buscan alianzas globales para poder negociar con las multinacionales

Los sindicatos del sureste asiático buscan hacer red para evitar represalias patronales o la deslocalización de la producción al exigir sus demandas laborales o ejercer su derecho a huelga.

Desde los año 90, son muchas las campañas que vienen concienciando a la población de la importancia de saber de dónde viene la ropa y las condiciones de quienes las han producido. A esta preocupación por las condiciones de trabajo se le une el ecologismo, que ha hecho que nos preguntemos por las sustancias tóxicas, por los recursos usados y por los deshechos que genera la producción de ropa y calzado. Todo esto ha sido contrarrestado por el auge de la fast fashion, por la proliferación de cadenas de ropa low cost y el aumento de las ventas por internet, muchas veces respondiendo más a estados de ánimo o promociones que a una necesidad real de esos productos.

La ropa y complemento como el calzado que se tiran a los contenedores está dentro del contenido ‘otros’ en el Programa Estatal de Prevención de Residuos 2014-2020, pero suponen la carta facción de basura más cuantiosa después de orgánico, envases y papel. Y creciendo. Así, las ropa que acaban en el vertedero para su eliminación supone el 90% de la que se deshecha (que es reciclada, vendida de segunda mano o reutilizada), lo que representa 800.000 toneladas al año de textiles que podrían ser aprovechados de otra forma.

Pero más allá del impacto medioambiental, ¿qué ocurre con los derechos laborales? Muchas de las campañas de estas últimas décadas han estado centradas en el consumidor como decisor de qué marcas apoyar y cómo hacer presión para lograr unas mejores condiciones laborales a través del boicot. El impacto de estas medidas se ha puesto en duda en repetidas ocasiones, ha dado paso a un márketing de la sostenibilidad que muchas veces solo sirve para lavar la imagen, un auge de la entrecomillada ‘responsabilidad social corporativa’ y muchas veces ha tenido efectos secundarios no deseados sobre las trabajadoras y trabajadores. Porque el boicot ha podido ir de la mano de descenso de los pedidos y la cancelación de contratos en fábricas de países del sur, generando más pobreza y no mejores condiciones.

Por eso, campañas como la de Ropa Limpia que aúna sindicatos, consumidores y ONG suponen un paso en la dirección efectiva y en la capacidad de situar a las trabajadoras —mayoritariamente mujeres— al mismo nivel de decisión y capacidad de reacción que a las personas de occidente que consumen esos productos. En esta línea, y para fortalecer aún más las relaciones en las empleadas de este sector en diferentes puntos del globo, se llevó a cabo la 1ª Conferencia Internacional del sector del textil en Sri Lanka el pasado mes promovida por la Confederación Internacional del Trabajo (ICL-CIT). Sindicatos de todo el sureste asiático se reunieron para trazar estrategias comunes y líneas de acción coordinadas para lograr que su voz sea escuchada por las multinacionales —y las empresas subcontratadas por estas— y obtener justicia social. Apoyados por otros de Europa y América, para poder tejer una red de apoyos que permita capacidad de diálogo y negociación.

En Sri Lanka, el cierre del país por el covid19 pilló a más de 20.000 trabajadores lejos de sus aldeas familiares y han sido confinados en pensiones

Porque estamos hablando de un problema global. Más aún evidenciado por la crisis del covid19, que ha dejado en lockdown países tan importantes en la producción textil como Bangladesh o la propia Sri Lanka. Desde la isla, el colectivo Dabindu denuncia la situación de indefensión que viven miles de trabajadores que con las fábricas cerradas no cobrarán ningún salario o ayuda. De la misma manera, el cierre del país pilló a más de 20.000 trabajadores lejos de sus aldeas familiares y han sido confinado en pensiones en la zona de Katunayake. Mujeres en su gran mayoría y con hijos a su cargo que trabajan para marcas como Gap, H&M, Marks and Spencer, Tommy Hilfiger, Decathlon o Victoria Secret y que ahora comparten baño con decenas de personas, con el riesgo que supone en una crisis sanitaria como esta. Una situación de urgencia e incertidumbre a la que se enfrentan en todos los sectores desde el pasado 15 de marzo.

MOVIMIENTO GLOBAL, PERO TAMBIÉN INDEPENDIENTE

Pero la lucha del colectivo Dabindu por las mujeres del sector textil viene de largo. Empezó en 1984 como una asociación feminista y desde el pasado año se constituyeron como sindicato, dotando de una visión de género muy necesaria el movimiento obrero. Este giro lo hicieron con dos premisas muy claras: ser independientes y no convertirse en el sector femenino de otro sindicato. Su representante explicó, en la Conferencia Internacional, que hay una brecha entre el número de trabajadoras (en su mayoría mujeres tanto en Sri Lanka como en los demás países productores) y su representación real en los órganos de decisión de sindicatos y otras organizaciones, como las ONG. Por eso, el cuerpo directivo está formado por mujeres, tienen los derechos reproductivos en la misma línea que otras demandas laborales y no permiten que otros sindicatos ‘clásicos’ hablen más alto que ellas en la representación de las mujeres del textil.

Con 1.500 afiliadas de forma estable pero con capacidad de sumar miles de simpatizantes más en sus actividades y actos reivindicativos, Dabindu argumentó que la unión con otras organizaciones en la región es básica para evitar que las empresas se muevan de un país a otro en el momento que haya conflicto laboral. La temida deslocalización productiva que busca países con menor coste de mano de obra, menos cargas impositivas y una legislación más cómoda para las grandes compañía. Una realidad que deja sin trabajo a miles de empleados cuando sucede y que incluso ocurre dentro de un país. Es el caso de Myanmar, pero por razones diferentes. La representante de Federation of Garment Workers Union (FGWU) sostuvo que dentro del país la represión sindical es muy fuerte y empieza por maniobras para dejarles sin trabajo. Hay mecanismos que sirven para evadir la presión sindical de trabajadores. Las empresas contrarrestan el éxito de las huelgas —donde trabajadores de muchas fábricas, no solo la implicada en el conflicto, paralizan todo e incluso acampan en la puerta de las instalaciones—, cerrando y volviendo a abrir al cabo de unos días para desembarazarse de los trabajadores que se movilizan.

Las empresas contrarrestan el éxito de las huelgas cerrando y volviendo a abrir al cabo de unos días para desembarazarse de los trabajadores que se movilizan.

En la conferencia también estuvo presente el sindicato GWTUC (Garment Workers Trade Union Center) de Bangladesh, uno de los países más importantes en cuanto a producción de textil y que más batalla presenta en cuanto a condiciones laborales. Tanto en Myanmar como en Bangladesh se trata de una represión sindical que los Gobiernos permiten e incluso facilitan. Sin ir más lejos, en Bangladesh vieron como el año pasado una batalla por subir el salario mínimo terminó con 5.000 despidos y la impunidad empresarial en tragedias como la de Rana Plaza. Por eso, se pone en valor la unión de sindicatos independientes de partidos políticos y de base, donde los trabajadores afiliados controlen las decisiones y no se den conflictos de intereses.

¿Qué le pasa a la prensa española con INDITEX?

En pleno conflicto sindical con los trabajadores de sus centros logísticos, los directivos de INDITEX vuelven a lanzar una campaña de manipulación/marketing para lavar su imagen…y la prensa española lo compra.

CCOO Industria de Ferrol ha denunciado a inspección de trabajo a los responsables de los centros de logística de INDITEX en Ferrol para que la empresa tome las medidas necesarias para garantizar la seguridad de sus trabajadores ante la amenaza de contagios por CoronaVirus. Esta denuncia viene precedida de varias instancias a la empresa por parte de los trabajadores que fueron ignoradas.

La empresa no sólo no ha suspendido la actividad bajo la justificación de que “la ropa tiene que salir, si no sería una catástrofe económica para INDITEX”, sino que mantuvo las condiciones de trabajo en la planta de Narón sin garantizar las medidas de protección recomendadas. Los trabajadores seguían obligados a trabajar codo con codo, sin material de protección y manejando cargas procedentes de varios países extranjeros.

Los trabajadores han amenazado con ir a la huelga si no se cesa la producción en sus centros logísticos y varios sindicatos se han empezado a movilizar ante la amenaza de que INDITEX plantee ERTEs o fuerce a sus empleados a que cojan vacaciones.

Al ver que las protestas de los trabajadores empezaba a tener eco, INDITEX ha reaccionado con una nueva campaña de “marketing” anunciando que van a estudiar la posibilidad de fabricar material sanitario para combatir el Covid-19 y que ponen apoyo logístico para transportar desde China la compra que el Gobierno haga de material sanitario.

La prensa española, especialmente aquella que está silenciando las protestas de los trabajadores de los centros logísticos, ha cogido con gran entusiasmo el anuncio de INDITEX. Ya son muchos los ejemplos de manipulación informativa en casos relacionados con INDITEX. Sucedió con la condena por esclavitud por los tribunales brasileños, los mecanismo de evasión de impuestos denunciados por el partido verde en el parlamento europeo o con documentales únicamente mostrados en Francia sobre las condiciones laborales en los talleres de Zara en India.   Empieza a ser urgente que el periodismo en España se ponga al servicio de la ciudadanía y de la verdad y dejen de ser lacayo del poder económico.

Una petición de cierre preventivo por el CORONAVIRUS de los almacenes de INDITEX alcanza las miles de firmas en apenas unas horas.

https://www.change.org/p/inditex-cierren-los-almacenes-de-ropa-innecesarios-en-estos-momentos-foco-de-contagio

Hay cientos de personas trabajando juntas codo con codo (literal), dentro de un recinto cerrado sin ningún tipo de protección. Esto es un foco de contagio enorme. Los virus se mantienen en las superficies de 3 a 72 horas. En estos momentos estos almacenes son prescindibles para frenar la curva. La responsabilidad es de TODOS.

“Nosotros trabajamos codo a codo con compañeros y compañeras, comemos juntos y por muchas medidas que se hayan tomado…. La dirección del centro va a comer a solas cuando la plantilla se ha ido o los jefes de almacén y de área se han cambiado de zona de trabajo para no estar juntos, pero para nosotros ha habido poco cambio. Sin valorar las donaciones de Amancio Ortega a la sanidad pública, ¿por qué no aplica el mismo sentido para proteger a sus empleados por los cuales él puede hacer esas donaciones? Pero nos tiene a las logísticas trabajando y a las tiendas cerradas. Inditex sigue haciendo diferencia entre su propia plantilla”, escribía en su cuenta de Facebook el sindicato CCOO en Meco, el almacén logístico de Zara en Madrid.

ÚNETE A LA PETICIÓN DE CIERRE PREVENTIVO DE LOS ALMACENES DE INDITEX EN ESTE LINK:

https://www.change.org/p/inditex-cierren-los-almacenes-de-ropa-innecesarios-en-estos-momentos-foco-de-contagio

Coronavirus: Las medidas de INDITEX que no leerás en prensa

Indignación del personal de almacenes de Inditex obligado a trabajar

Al corazón de Inditex, en Arteixo, continúan llegando trabajadores. La multinacional de Amancio Ortega decidió la semana pasada aplicar de manera generalizada el teletrabajo para aquellos empleados que pudieran realizar sus tareas desde casa. La medida provocó que cientos de trabajadores de oficina saliesen de la sede central del grupo, pero no así en el área de logística.

En el almacén coruñés de Zara, según fuentes sindicales, están trabajando entre 1.000 y 1.200 operarios, con los protocolos básicos de prevención que, por las características de sus labores, “son difíciles de cumplir”. Desde antes incluso de que el grupo que preside Pablo Isla decidiera cerrar todos sus establecimientos en España, los sindicatos pidieron que se decretara también el cierre de la plataforma logística. Solicitaron una reunión urgente con la dirección, pero Inditex la rechazó y los emplazó al próximo lunes.

PRÁCTICAS DE RIESGO»

“Están forzando prácticas de riesgo, como subir a varios trabajadores a los camiones. Y, a la vez, la carga de trabajo es mucho más baja debido al cierre de las tiendas. Como no hay trabajo se forman corrillos entre los trabajadores, los que también supone un riesgo”, explican fuentes del sindicato CIG.

Todos los almacenes de Inditex en España se mantienen abiertos. La cadena de suministro de la multinacional está pensada para que todas las prendas pasen por territorio español y se distribuyan a nivel global por los establecimientos o, directamente, a los domicilios de los clientes si así lo eligen en la compra online. Con la clausura de las tiendas, se mantiene la tienda online y los establecimientos de otros países como carga de trabajo, que según fuentes sindicales es “bajísima”.

UNIDAD ENTRE LOS SINDICATOS

Hay unidad en la petición de los sindicatos. “Nosotros trabajamos codo a codo con compañeros y compañeras, comemos juntos y por muchas medidas que se hayan tomado…. La dirección del centro va a comer a solas cuando la plantilla se ha ido o los jefes de almacén y de área se han cambiado de zona de trabajo para no estar juntos, pero para nosotros ha habido poco cambio. Sin valorar las donaciones de Amancio Ortega a la sanidad pública, ¿por qué no aplica el mismo sentido para proteger a sus empleados por los cuales él puede hacer esas donaciones? Pero nos tiene a las logísticas trabajando y a las tiendas cerradas. Inditex sigue haciendo diferencia entre su propia plantilla”, escribía en su cuenta de Facebook el sindicato CCOO en Meco, el almacén logístico de Zara en Madrid.

Este sábado, la dirección ha mantenido videoconferencias con algunos de los centros logísticos para informar de que, por el momento, mantendrían su actividad, si bien la política a seguir se revisará diariamente. Las medidas que tome Pedro Sánchez tras decretar el estado de alarma y reunir a su consejo de ministros serán clave para la decisión de la multinacional sobre los pasos a seguir a partir de ahora.

Algodón con conciencia ambiental

Organic Cotton Colours, con sede y telares en Barcelona y Portugal, hace hilo de forma artesanal con precios justos para los agricultores

 

Cuenta Santi Mallorquí que cuando entró en el negocio textil que es hoy Organic Cotton Colours no tenía “ni idea”. Fue hace 10 años. Percibía que el mundo estaba viviendo un momento de cambio para producir de forma más responsable. Su modelo de venta de algodón orgánico le ha hecho facturar 450.000 euros en 2019 con beneficios y tiene como meta alcanzar los tres millones en cinco años. “Nunca llegaremos a todo el mercado, no es la intención. Nuestro espacio es ser alguien dentro de la moda sostenible”.

 

https://elpais.com/economia/2020/01/07/actualidad/1578414427_844333.html

A two-day seminar convened in Goteborg, Sweden

A two-day seminar convened in Goteborg, Sweden on the disappearance of children in Europe, the migration of under-age children, forced National Service, human trafficking and the illegal sale of human organs.

A two-day seminar organized by International Association for higher public schools (Internationella Folkhögskolan) in cooperation with ABF (SDP Sweden), SAIN Party (Partido SAIN), Ph. Dignitex from Spain and HomeNet South Asia was convened from November 30 to December 1, 2019.

Members of the EPDP, brother Tsehaye Keleta and brother Baire Gebreweld who participated in the seminar, explained the critical situation of Eritrea and its people by elaborating the transgression (of the law), oppression and forced national service inflicted on the Eritrean people by the PFDJ Regime. Two guests from Spain, Mrs. Corina Fuks and Mr. Juan Sabin, disclosed the existence of a large prostitution market for African Immigrants by Mafia smugglers and deliberated that Spain is the gate for marketing child slaves during their broad presentation based on documents and research. 

On the second day, brother Tsehaye Keleta reiterated the PFDJ regime’s brutal rule by exposing that Eritrea is an isolated country with complete absence of constitution, parliament, democratic election, freedom of press and speech and that Eritrea has no university but 360 detention centers, instead. There is only one government-owned TV station and only one government-owned newspaper in the country. He also explained that the main victims of this condition are the youth and under-age children who are forced to join the National Service and/or leave the country. To this effect, Tsehaye presented the portraits of parentless children that have taken refuge in Ethiopia and the Sudan.

Then followed the marvelous situation in Thailand, Pakistan and Afghanistan supported by pictures. Participants, astounded by our country’s situation, asked many questions and especially the representatives of the two Associations from Spain said that they had no clue that the Eritrean people were going through these kinds of harsh conditions. They even suggested that the world should know this worrisome condition and advised us to visit Spain and explain our country’s condition, offering to connect us with journalists. They criticized the world for giving deaf ear to the situation in Eritrea and finally took all the pictures and promised to invite us.

Tres nuevos libros clave que fascinarán a los consumidores concienciados

Podemos salvar el mundo (antes de cenar)Enganchados a la carne y Al borde de un ataque de compras abordan desde distintas perspectivas la dudosa sostenibilidad de la actual sociedad de consumo

Tres interesantes novedades han llegado en el último mes a las librerías tratado de ofrecer respuestas a los consumidores con conciencia de la locura toxica que representa el actual modelo de sociedad de consumo. Lo hacen desde ópticas variadas tanto en el acercamiento al problema como en el estilo literario, puesto que viajamos desde el ensayo filosófico al historiográfico y científico, para llegar a los consejos prácticos, por bien que basados en solidad evidencias.

Pero los tres libros coinciden en el punto final de llegada: la conciencia del lector-consumidor, al cual quieren apelar a ayudar, a través de la mentalidad y ofreciéndole pistas para superar las contradicciones del mundo moderno, a convertir su vida en un hecho sostenible. Así de paso, cuantos más lectores-consumidores se conciencien, mayor será el impacto de su cambio de hábitos en el entorno. Hasta llegar al cambio social sistémico que te precisa para virar el rumbo actual y ganarnos el futuro.

Raras veces un novelista de éxito, con versiones de sus dos primeras novelas en Hollywood, deja aparcada su carrera literaria para convertirse en un activista, en este caso animalista y vegano, pero también ambientalista. Tras la brillante Todo está iluminado, donde tocaba el retorno a las tierras de Ucrania de las que tuvieron que huir sus ancestros judíos, y Tan Fuerte, tan cerca, cuya versión cinematográfica estuvo protagonizada por Tom Hanks, en 2011 se descolgó con el ensayo animalista Comer animales, donde exponía en toda su crudeza lo que supone la ganadería de explotación industrial.

Ahora regresa con este Podemos salvar el mundo (antes de cenar) (Seix Barral, 2019), un nuevo ensayo que perservera sobre la filosofía animalista y vegana, pero con un punto de realismo respecto a lo complejo que es la conversión global de la humanidad a la dieta integralmente vegetal. Sin embargo, introduce un nuevo elemento de palanca: la sostenibilidad del sistema, que apuntala la teoría de que comer productos de origen animal nos llevará al desastre. Safran Foer parte para su ensayo, donde mezcla periodismo con datos científicos y sus propias experiencias, de una propuesta en apariencia sencilla: no comer ningún alimento de origen animal antes de cenar. Sencillo pero no tanto…

Marta Zaraska es una periodista polaco-canadiense que se graduó en derecho por la Universidad de Varsovia pero que ha desarrollado su carrera en el mundo anglosajón trabajando para diarios como The Washington Post, The Atlantic, The Boston Globe o Scientific American entre muchos otros. Su especialidad es la ciencia y la historia, y precisamente de estas dos vertientes de aprovecha para desarrollar el apasionante hilo argumental de Enganchados a la carne (Plaza y Valdés, 2019).

El libro parte de la paradoja de que a pesar de las evidencias que demuestran que el consumo de carne a largo plazo hace mella en nuestra salud, a pesar de tener claro de que la explotación de los animales es insostenible para el planeta, los humanos seguimos enganchados al consumo de carne. Y no solo eso: cada vez queremos más, tal como constata la autora con datos documentados.

Para explicar esta paradoja, Zaraska emprende un apasionante viaje antropológico por la historia de las civilizaciones humanas a través de 2.5 millones de años, en los que estudia el peso y la significación del consumo de carne, muchas veces ritual, otras como un lujo destinado solo a las clases superiores, es decir aspiracional. De este modo la autora trata de desacralizar el consumo de los productos de origen animal para convencernos de que no solo es posible moderar o anular su consumo, sino que es necesario.

La periodista Brenda Chavez, conocida por muchos lectores-oyentes de nuestro programa Carne Cruda debido a su sección Consuma Crudeza, ya había publicado en 2017 en la editorial Península el interesante ensayo/proclama Tu consumo puede cambiar el mundo. Fue su primer intento de concienciarnos de nuestro poder como consumidores («prosumidores» diría el mitico Ralph Nader) para cambiar el entorno desde nuestra propia revolución personal. Esto es: el mejor modo de cambiar la sociedad es empezar cambiándonos a nosotros mismos.

Ahora Chavez regresa con Al borde de un ataque de compras (Debate, 2019), que podría describirse como el pequeño libro rojo del consumidor concienciado, pues contiene 73 claves, muy sólidamente argumentadas con abundantes datos, sobre cómo realizar la revolución personal que pregonaba en su primera obra. Es un libro práctico pero a la vez lírico y revelador, que nos hará ver que el cambio a un modo de vida más responsable y sostenible no es imposible ni mucho menos. Además, el próximo jueves 24 la autora charlará con los lectores a las 19:30 en la librería Tipos Infames de Madrid durante la presentación oficial del libro. 

Forced Labour Tainted Cotton: from Turkmenistan via Turkey

5 April 2019

Does your business source cotton products from Turkey? Or maybe you have been buying clothes with ‘Made in Turkey’ tag? I have bad news for you: you may be inadvertently supporting a massive scale system of forced labour.

You can be forgiven for not being aware of it, because Turkmenistan – which we’re talking about here – very rarely, if ever, hits the news headlines. But with over 300 million dollars’ worth of cotton and textile exported to Turkey every year, it uses Turkey as the main gateway for its cotton products to the global supply chains.

Anti-Slavery International has released a new report bringing those the strong links between Turkey and Turkmenistan to light.

Turkmenistan’s cotton crimes

Every year during the cotton harvest season, the Turkmen government sends thousands of citizens into the cotton fields against their will. Doctors, dentists, teachers, students and military personnel are some of the people who are forced to abandon their regular jobs in order to toil under hazardous conditions in the fields for days on end.

This system of forced labour, a legacy of past soviet practices, is built on threat of punishment and intimidation. Workers refusing to pick cotton face the risk of having salary deductions, losing their jobs, or other punishment that is part of everyday life in this one of the world’s most repressive regimes.

“If you refuse to go away cotton picking or have a good reason not to be away from home for 10 days, your boss will just say, ‘You Know where the door is’.”
– A worker at the Maryagyzsuv water supply company sent to pick cotton during the harvest season, 2018.

Cotton picking is an arduous work. Conditions in the fields are very poor and people have only limited access to fresh drinking water. Those workers assigned to remote areas have to stay overnight with no option but to stay in squalid and unsanitary conditions.

“It was dark and empty and had bare earth instead of a floor with a few tatty felt mats laid out. […] Our group of cotton pickers had to get by on their own food for two weeks. […] There was no shower at all and no toilet for probably five kilometres.”
– A worker at Dashoguz vegetable oil mill sent to pick cotton during the harvest season, 2018.

Risks of Turkmen forced labour cotton in global supply chains

Being the 11th largest cotton producer in the world, not only does the country hold an important position on the global market for raw cotton, but it also has significant cotton processing facilities covering the whole textile production cycle. Turkmenistan’s apparel and textile exports pose a significant risk of forced labour tainting global supply chains and present a challenge to brands’ due diligence.

Turkey and Turkmenistan have special political, economic and business relationships, which leads to a higher presence of Turkmen cotton within Turkey. Through Turkey’s investment in Turkmenistan’s textile industry, Turkish suppliers are playing an important role in upholding forced labour practices. Once in Turkey, textile products containing Turkmen cotton find their way through global markets and end up being sold in high street shops across the world.

Anti-Slavery has documented cases of Turkish enterprises that operate in Turkmenistan, some with huge production capacities. Calik Holding, for example, is a large Turkish holding company with activities in the garment and textile industry, which owns production plants located in Turkmenistan and claims to sell their products to well-known international brands.

What can brands do?

Due to the nature of the cotton production system in Turkmenistan, which is based around state-sponsored forced labour, we urge brands to stop sourcing cotton from Turkmenistan and to undertake the following steps.

  1. Stop sourcing cotton from Turkmenistan. We invite brands to publicly oppose the use of Turkmen cotton in their supply chains, for example by signing the Turkmen Cotton Pledge, to demonstrate to the Turkmen government that human rights violations in cotton production are unacceptable.
  2. Raise awareness. Inform consumers about the labour abuses that might affect the products they wear and use every day.
  3. Engage Turkish suppliers. We don’t want brands to boycott Turkish companies, as it may inadvertently affect those that don’t source Turkmen cotton, and some might even not be aware of the issue. Instead, we want brands to collaborate with their Turkish suppliers and put the issue of Turkmen cotton on their agenda.
  4. Join in on putting pressure on the Government of Turkmenistan. We are calling on brands to use their power to get involved and to raise their concerns to the Turkmen government.
people picking cotton

Does your business need help?

Anti-Slavery can help to identify risks of slavery in your supply chains and support you to addres them

Find out how

What can consumers do?

Let the brands know that accepting the risks of forced labour practices – even if little known – in their supply chains is unacceptable. Let them know that you as their customer expect more from them to ensure that the products you buy are slavery free. The easiest way to do it is to send the below tweet asking a brand to sign up to the Turkmen Cotton Pledge and implement its commitments.

Together, we can end Turkmen Cotton Crimes for good.

Tweet to your favourite brand:

#Forcedlabour is rife in Turkmenistan and affects global cotton supply chains. @[brand handle] please sign up to the Turkmen Cotton Pledge to ensure it doesn’t taint the products I buy from you. https://www.sourcingnetwork.org/turkmen-cotton-pledge/

El 82% de la población española quiere que la ley obligue a las marcas de ropa a respetar los derechos de los trabajadores

A la hora de comprar ropa, zapatos o accesorios, casi el 40% de la población española asegura tener en cuenta las repercusiones sociales y medioambientales que hay detrás de esas prendas. Sin embargo, cerca del 60% no se hace este tipo de preguntas. Es una de las conclusiones de la Encuesta europea sobre moda y consumo responsable, elaborada por Fashion Revolution y publicada este miércoles por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Continuar leyendo «El 82% de la población española quiere que la ley obligue a las marcas de ropa a respetar los derechos de los trabajadores»